Hay conceptos que aprendemos desde muy pequeños: debemos fijarnos en la fecha de caducidad antes de comer un alimento. Pero su historia es muy muy curiosa. De hecho, ¿os acordáis de Al Capone?

Por mucho que el cine y la cultura popular lo quiera mitificar, el famoso gánster Al Capone no es una figura ejemplar ni inspiradora. Siendo el cabecilla principal del crimen organizado en la ciudad de Chicago en las primeras décadas del siglo XX, fue responsable de múltiples asesinatos y ejecuciones; además de otros delitos que hacían brillar sus iniciativas empresariales.

Quizás más inspiradora fue la historia de aquellos policías que consiguieron capturarle: Eliot Ness y su equipo de Intocables. Lograron detenerlo en 1932 gracias a una ingeniosa maniobra policial. Ya que era imposible detenerlo por otros motivos debido a la gran influencia que la mafia tenía en la política y en la policía, lo detuvieron por algo, quizás lo único, a lo que Al Capone no prestó atención: la evasión de impuestos.

Además, Al Capone también sería uno de los delincuentes que estrenarían la mítica, y en aquellos momentos recién inaugurada, cárcel de Alcatraz en San Francisco.

Comedores económicos

Hay una aportación social que hizo Al Capone y que muy pocos conocen. Curiosamente, gracias a su compleja personalidad, era considerado en Chicago como una especie de Robin Hood moderno o quizás, como la figura del líder narcotraficante  del Cartel de Medellín, Pablo Escobar. De hecho fue el primero en abrir cocinas económicas para alimentar a quienes no disponían de recursos durante la Gran Depresión. En ellas se servían gratuitamente tres comidas diarias, con el fin de asegurarse que cualquiera que hubiera perdido su trabajo pudiera alimentarse. Pronto, todas las ciudades del país lo imitaron. No sólo eso, sino que él mismo acudía en ocasiones a servir las comidas. Se calcula que mantener las cocinas abiertas le costaba miles de dólares a diario, pero era un precio que Al Capone estaba dispuesto a pagar.

Miles de desempleados pudieron comer gracias a los comedores sociales de Al Capone.
Foto: Wikimedia commons.

Poner fecha de caducidad a los alimentos

Aunque su gran negocio fue el alcohol, en aquellos restaurantes económicos conoció un poco más de cerca cómo funcionaba la industria alimentaria. Por ejemplo, en aquella época no existían controles sobre la producción y venta de leche. Tampoco había leyes que regulasen la calidad ni los tratamientos de esterilización. Y, por supuesto, tampoco existían las fechas de caducidad.

Fue entonces cuando cuentan que, un niño, familiar cercano de Al Capone, enfermó por consumir leche en mal estado. Esto le hizo obsesionarse durante un tiempo en el negocio de la venta de este producto y de su distribución.

Entendió que había un problema: no se podía saber qué alimentos estaban en mal estado a pesar de la preocupación creciente por esa situación Vio una gran idea de negocio en ello y compró una planta procesadora de leche llamada Meadowmoor Dairies y, gracias a las presiones que ejerció, consiguió que el consejo de la ciudad aprobase una ley exigiendo que todas las botellas de leche llevasen una fecha de caducidad estampada.

Por supuesto, su idea principal no estaba inspirada por el altruismo. Al parecer, también se había hecho con el mercado de máquinas estampadoras de fechas de caducidad, por lo que construyó un negocio redondo. Ralph Capone, al que desde entonces se apodó como Bottles Capone, se encargaba de tintar las fechas o “retintar las fechas”.

A partir de ese momento, aunque las razones no fueran alentadas por la salud pública, todas las botellas de leche comenzaron a llevar impresas la fecha de caducidad y, con el tiempo, esto se extendería a todos los productos perecederos.

¿Qué opinas de lo que hizo? ¿Sucio truco o un mal necesario?


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