¿Cómo desradicalizamos a un extremista? El modelo Aarhus tiene la clave

Jamal es un joven danés de origen somalí de veinticinco años. Su familia se mudó a Aarhus, Dinamarca, cuando la guerra civil estalló en su país y él nació allí aunque, como hijo de la única familia negra y musulmana del barrio, su infancia fue complicada e incomprendida. Poco a poco fue haciendo amigos daneses, se integró en su barrio y colegio y se convirtió en un estudiante brillante. Sin embargo, todo cambió en el instituto.

Un año, Jamal peregrinó a la Meca con su familia; un viaje en el que descubrió un sentimiento religioso que nunca antes había tenido. Se sentía orgulloso de sus raíces étnicas y religiosas, pero un día su clase celebró un debate sobre el Islam y todo se torció. Una de sus compañeras lanzó un discurso islamófobo con expresiones tan duras como que «el Islam viene para aterrorizar Europa», «los musulmanes sois unos asesinos» o «lapidáis a vuestras mujeres». Jamal rebatió sus argumentos pero la conversación se volvió más y más intensa hasta que perdió el control y le espetó a su compañera un «gente como tú no debería existir».

En cualquier otro contexto probablemente esas palabras se hubiesen quedado en nada pero su profesor y la dirección del instituto lo tomaron como una amenaza real y avisaron a la policía. Las fuerzas de seguridad fueron a su casa y lo interrogaron como sospechoso de terrorismo, una experiencia traumática que acabó en nada —aunque para Jamal supuso un final anticipado de su año escolar: no pudo presentarse a los exámenes finales y todo por lo que había trabajado se fue al traste. Por si esto fuera poco, su madre murió a los pocos meses —suceso que Jamal relacionó con el estrés producido por la investigación policial—.

Luchar férreamente contra los jóvenes radicalizados solo consigue que se radicalicen más.

Poco a poco, Jamal se fue sintiendo rechazado por Occidente y pronto cayó en las manos de unos jóvenes que empezaban a radicalizarse en torno a una interpretación violenta de la religión. Los vídeos, en inglés, de imanes extremistas y yihadismo se convirtieron en la rutina diaria de Jamal y sus amigos, que empezaron a hablar sobre viajar a Siria. Por suerte, mientras planeaban el viaje Jamal recibió una llamada de Thorleif Link, el policía propulsor del novedoso modelo Aahurs de desradicalización. Jamal intentó ignorarle pero Link le dijo algo que no podía ignorar: le pidió perdón por todos los problemas que le había causado la operación policial.

Link puso en contacto a Jamal con uno de los primeros mentores contratados en Dinamarca, un joven abogado musulmán que también había vivido la discriminación pero que había decidido seguir otro camino. Su vida cambió. El mentor le enseñó a Jamal la base del programa: si lo eliges también puedes formar parte de Dinamarca. La historia de Jamal es real aunque su nombre es ficticio. Como él, cientos de jóvenes desarraigados se radicalizan en Europa a diario.

Mientras la mayor parte de los países luchan contra este fenómeno con fuerza militar y policial, Dinamarca ha creado un nuevo método que está demostrando que funciona.

Son cientos los jóvenes como Jamal que han pasado por el programa Aarhus —llamado así por el pueblo danés en el que comenzó—. En vez de prohibir la entrada a todos los jóvenes que vuelven de Siria (o de detener a los que están a punto de irse), el modelo danés les acoge con los brazos abiertos y les ayuda a reconstruir su vida gracias a mentores que les guían en su camino.

Desde 2012, 330 jóvenes radicalizados han pasado por la comisaría de Aarhus y muy pocos han viajado a las filas de Estado Islámico. El año pasado, en plena avalancha de jóvenes europeos hacia Siria solo una persona danesa se alistó al grupo terrorista. Parece que los daneses han encontrado una manera efectiva de luchar contra el terrorismo: un modelo a seguir por el resto de países.

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