Jugar al Commonspoly es como hacerlo a un Monopoly de los recursos o bienes compartidos —en español también se les suele llamar procomún. Es decir, se trata de «jugar» con los recursos naturales y culturales accesibles a toda la comunidad, como el aire, el agua y la tierra habitable.

Estos recursos han sido descritos en profundidad por la Nobel de Economía Elinor Orstrom —primera mujer en alzarse con el galardón en este terreno—, que detectó que cuando su control estaba exclusivamente bajo el el estado o manos privadas, corrían peligro. En cambio, cuando eran las comunidades quienes velaban por ellos, mediante complejos mecanismos de decisión y de control, no solo se preservaban estos recursos comunes sino que se impedía la degradación del medio.

Por 15 euros más gastos de envío podemos comprar una copia física de Commonspoly, un juego de tablero inspirado en el mítico Monopoly. La diferencia: en lugar de acumular bienes inmuebles y pagar nuestros excesos especulativos con una estancia en la «cárcel», aprenderemos la filosofía que hay detrás del procomún. También se pueden descargar el diseño y las reglas sin gasto alguno de este peculiar juego desarrollado por Zemos 68, cooperativa social centrada en el arte en los nuevos medios, la cultura libre y la innovación social.

Sus creadores lo definen como «una forma de reflexionar desde el juego sobre las teorías de los recursos compartidos, pero también para pasar una aburrida tarde de domingo». Además, el juego pretende deshacer el «malentendido» creado cuando, en 1904, Elisabeth Magie patentó The Landlord´s Game, conocido popularmente como Monopoly, y le vendió la patente a los hermanos Parker.

La intención de Magie al crear el juego era precisamente alertar sobre los riesgos que el monopolio de cualquier bien representaba para la sociedad.

A través de sus casillas recorreremos la escuela, el agua, un servidor, un centro de rehabilitación hasta llegar a la plaza —tan importante en España desde el 15M— o el Parlamento.

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