Gracias a la ayuda de una protectora, una empleada de la Universidad La Sapienza de Roma consiguió una baja laboral para poder cuidar a su perro.

La protagonista de nuestra sorprendente y esperanzadora historia es una mujer italiana que trabaja como bibliotecaria de la universidad de Roma. En un principio, su petición de baja fue rechazada por la universidad, por lo que la mujer acudió a la la Liga antivivisección italiana, la ONG de protección animal más grande de Europa, para buscar una solución. Para su apelación, utilizaron un artículo del código penal que castiga el maltrato animal y el abandono con un año de cárcel o multas que van de los 1.000 hasta 10.000 euros. Es decir, que si no concedían la baja laboral a la propietaria estarían “obligándola” a cometer un delito.

Su perro se llama Cucciola, un setter inglés de 12 años. Una tarde, mientras paseaban en el parque Villa Pamphili de Roma, Ana comentó la situación que había vivido con la operación de su perra. Le habían descontado dos días de sus vacaciones por cuidar a Cucciola después de someterse a una dura operación de un carcinoma y después de una patología en la laringe. Dos duras operaciones que le impedían valerse por sí mismo durante el periodo de recuperación.

Ana junto a su perra Cucciola. Imagen de Facebook

Ana se presentó ante el comité laboral de la universidad con todos los papeles en orden y alegando que si no hubiera cuidado de su perro habría cometido un delito.

Después de comentar los hechos a sus amigos de paseos, le recomendaron que expusiera su problema a la asociación LAV. Desde esta asociación pudieron darle forma legal a su complicada situación. Fue muy sencillo revocar la situación inicial, ya que sin ese permiso de baja, estaría poniendo en riesgo la salud de este animal y, en el código civil italiano, esto es un delito. La Universidad La Sapienza terminó por aceptar las razones de la empleada y le abono la retribución correspondiente a los dos días solicitados.

En realidad, se trata de una cantidad simbólica al ser solo dos días de trabajo los perdidos, pero lo realmente importante del caso era sentar un precedente legal que ayude a otras personas en su misma situación.

La perra Cucciola se recupera ahora en su casa de Roma, junto aml otro miembro de la familia de Ana, su beagle Duke, de 17 años. Ana es soltera y vive sola, estos animales son su familia y ahora lucha para conseguir más apoyo para todas esas personas que tienen animales. Se abre una puerta nueva dentro de la jurisprudencia animal o así es como lo ve el presidente de la ONG, Gianluca Felicetti, quien ha reconocido ante la prensa que se trata de un gran paso para que las mascotas pasen a ser consideradas como miembros de la familia con sus propios derechos civiles.

Este cambio supone la toma de conciencia de que los animales forman parte del núcleo familiar.


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