El médico húngaro al que metieron en un manicomio por descubrir la importancia de lavarse las manos

Pocas veces el agua ha sido tan acertadamente llamada fuente de vida como cuando se la asocia al jabón. Pero la simpleza de la idea y su consolidación actual no tuvo un comienzo fácil. En medio de ese mundo que aún no entendía los gérmenes, un hombre intentó aplicar la ciencia para detener la propagación de la infección.

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El médico que nos está salvando la vida y la comunidad científica criticó

Quien primero se dio cuenta de la importancia de lavarse bien las manos fue un médico de Budapest, Ignác Fülöp Semmelweis (1818-1865), cuarto hijo de un comerciante, cuando aún no había cumplido los 35 años. Su defensa de la asepsia salvó vidas, pero hundió la suya. Ahora, en 2015, 150 años después de su muerte, la Unesco reivindica su legado al nombrarle uno de los personajes del año.

Los doctores, por su lado, tampoco olían exactamente a rosas. Raramente se lavaban las manos o los instrumentos y dejaban a su paso lo que la profesión alegremente denominaba «el tradicional hedor hospitalario».

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¿Qué médico descubrió la importancia de lavarse las manos?

El médico húngaro Dr. Ignaz Semmelweis, conocido como “el padre del control de infecciones”, comenzó a trabajar en el Hospital General de Viena, donde demostró que requerir que los médicos se desinfectaran las manos podía salvar vidas.

Tras trabajar en un hospital menor, pobre y desahuciado, acabó en un centro para enfermos psiquiátricos. En su último intento por demostrar su teoría —y ya con un principio de alzhéimer— se inyectó con un residuo de una necropsia. Se ocasionó una septicemia que lo mató.

“Fue un mártir”, sentencia la comunidad científica. Esta, al menos, es la versión heroica. Hay otra con menos épica: que murió de las palizas que le propinaron en el centro.

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Años más tarde, la enfermera británica Florence Nightingale fue pionera de la higiene médica obligatoria en el hospital de campaña donde trabajaba, en plena guerra de Crimea.

El reconocimiento le llegó tarde. En 1952, Louis-Ferdinand Cèline publicó una obra, Semmelweis, en la que, en tono épico, lamentaba el final del médico. El prólogo define su legado: “Señaló a la primera los medios profilácticos que deben adoptarse contra la infección puerperal, con una precisión tal que la moderna antisepsia nada tuvo que añadir a las reglas que él había prescrito”.

Durante la pandemia de enfermedad por coronavirus de 2020, la Organización Mundial de la Salud ha recomendado el lavado de manos como una de las formas de prevenir la infección.​ Incluso resulta mucho más eficaz en el caso de la población no infectada que el uso de guantes.

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Maravilloso gráfico de Pictoline


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