Nacido un 12 de febrero de 1809, hoy celebramos su cumpleaños. Hace más de doscientos años que nuestra sociedad heredó la sabia y revolucionaria teoría de la evolución biológica a través de la selección natural que Darwin desarrolló en su obra científica El origen de las especies de 1859.

Charles Darwin postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común, mediante un proceso denominado selección natural. Dicha teoría de la evolución, que hoy en día es la madre de la síntesis evolutiva moderna, no fue aceptada hasta 1930.

La selección natural

En su libro El origen de las especies explica la formación de este proceso, así como sus obstáculos naturales y dificultades morales: “La distinción de las formas específicas y el no estar ligadas entre sí por innumerables [eslabones] de transición es una dificultad muy evidente”. Y los problemas morales: “Poco a poco dejé de creer que el cristianismo fuera una revelación divina. El que se propagaran como la pólvora muchas religiones falsas en gran parte de la Tierra tuvo alguna influencia en mí”.

En su momento, Darwin fue desacreditado por sus teorías de la evolución

Presentó la selección natural como una fuerza superior al hombre: “[…] la selección natural, como veremos más adelante, es una fuerza siempre dispuesta a la acción y tan inconmensurablemente superior a los débiles esfuerzos del hombre como las obras de la naturaleza lo son a las del arte”.

Darwin y Dios

También esta teoría natural cuestionaba la existencia de un Dios bueno y comprensivo: “No puedo persuadirme de que un Dios benevolente y omnipotente hubiera creado intencionadamente los icneumónidos con la intención expresa de que se alimentasen de los cuerpos vivos de orugas, o de que un gato jugase con ratones. No creyendo esto, no veo necesidad en creer que el ojo fue expresamente diseñado”. Los debates sobre Dios fueron más allá, según las creencias de nuestra educación y herencia: “Tampoco podemos pasar por alto la probabilidad de que la inculcación constante de una creencia en Dios en la mente de los niños produzca un efecto tan fuerte, y quizás heredado, en sus cerebros no totalmente desarrollados, que les resulte tan difícil librarse de su creencia en Dios, como a un mono de su miedo y aversión instintivos a una serpiente”.

Darwin nunca dejó de luchar por su teoría

Aún habiendo trabas morales, e incluso incredulidad científica por parte de la sociedad y las instituciones, Darwin no dejó de creer nunca en el instinto de la búsqueda de la verdad y del conocimiento que engendra la investigación científica y la curiosidad humana. Su voraz experimentación y capacidad de observación de la naturaleza lo llevó a viajar casi por todo el mundo, en Sudamérica, concretamente en Brasil, le dolió la esclavitud humana; y en Australia le sorprendió intensamente la rareza de la rata marsupial y el ornitorrinco, que le llevó a pensar que estos dos seres eran fruto de “dos creadores” a la vez. Encontró a los aborígenes australianos “bienhumorados y agradables”, y notó su decadencia por la proliferación de asentamientos europeos.

Darwin y la evolución humana

Darwin fue un gran observador y analítico de la vida natural y humana; dedicó toda su vida a su investigación y teorización. Uno de sus últimos retos fue “la evolución humana” explorando la selección sexual, no adaptativa, y situando a todos las personas en una misma especie animal, llegando a formular la teoría de que todos los seres humanos, con nuestras capacidades superiores, llevamos con nosotros el origen animal, es decir, que la conducta psicológica humana va precedida del comportamiento animal.

Digamos que no nos podemos desprender de nuestros ancestros, todos venimos de un origen común, una forma de hermanación universal


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