Más de mil millones de toneladas de alimentos se tiran. Desde el pescado que se arroja de nuevo al mar por violar las cuotas de la UE a las verduras no seleccionadas por no tener una forma o color adecuado. Numerosas organizaciones están decididas a evitar tal desastre. Sin dejar a un lado las grandes superficies de venta de alimentos, que prefieren destruir los alimentos que donarlos.

¿Es posible hacer algo para evitarlo? En Francia van a intentarlo y se ha convertido en el primer país del mundo que prohíbe a los supermercados tirar o destruir los alimentos que no vendan. En lugar de eso, serán obligados por ley a donarlos a organizaciones benéficas y bancos de alimentos, que serán las encargadas de distribuirlos entre los necesitados.

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La ley es la respuesta del gobierno francés a una campaña puesta en marcha en los últimos meses por Arash Derambarsh, de 35 años, un concejal del municipio de Courbevoie, suburbio al noroeste de París, quién calificó de “escandaloso y absurdo” el desperdicio de comida por parte de las grandes superficies. A la iniciativa del joven político le sucedieron protestas de consumidores y activistas contra la pobreza.

En España, Más de 50.000 toneladas de comida fresca de los supermercados acaban cada año en la basura porque Sanidad prohíbe que se done a las asociaciones que se dedican a distribuir alimentos entre las personas sin recursos y los comedores sociales, según una estimación realizada por el Ministerio de Agricultura y la Federación Española de Bancos de Alimentos (Fesbal).

Según sus cálculos, en Francia se echan a perder 7 millones de toneladas de alimentos al año. Los activistas esperan ahora persuadir a la UE a adoptar una legislación similar en todos los estados miembros.

La normativa ha sido aprobada por unanimidad por el Senado francés. A partir de entonces, los supermercados no podrán almacenar comida de buena calidad que se acerque a su fecha de caducidad. En su lugar, firmarán convenios de colaboración con organizaciones benéficas, que podrán multiplicar el número de comidas gratuitas que distribuyen cada día.

La normativa también prevé multas de hasta 75.000 euros para los supermercados que destruyan deliberadamente los alimentos con el fin de evitar que sean recuperados por las personas que los recogen de los contenedores próximos a las tiendas. En los últimos años ha crecido en Francia el número de familias, estudiantes, desempleados y personas sin hogar que se alimentan de los productos que recogen de la basura.

Según algunos informes, ciertos supermercados rocían con lejía los alimentos que tiran a la basura para evitar para impedir que sean aprovechados por otras personas. Otros establecimientos almacenan la comida sobrante en depósitos cerrados para su recogida directa por parte camiones de basura.

Estas entidades y las organizaciones de caridad también tendrán obligaciones que cumplir: recoger y almacenar los alimentos en condiciones higiénicas y distribuirlos adecuadamente.

ESTA IMAGEN TE AYUDARÁ A ENTENDERLO:

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Los alimentos desperdiciados por una típica familia estadounidense de cuatro miembros suman al cabo del año media tonelada. Apilados en la sala de estar de los Waldt, de Nueva Jersey, estos productos representan los 1,2 millones de calorías que una familia media deja sin comer cada año, más que suficiente para alimentar a otra persona.

 

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