Cómo decir NO sin ofender. Tres imágenes prácticas

El psicólogo Carlos Salas Merino, en una colaboración para EuropaPress, nos da algunas pistas para algo que debería ser muy simple: decir «no» cuando queremos decir «no» (pero sin ofender). Muchos de nosotros llegamos a comprometernos con temas o situaciones que en realidad no deseamos llevar a cabo. Lo hemos pensado, lo tenemos en la punta de la lengua y cuando llega el momento de responder nos es imposible decir “NO”. Sigue estos consejos y aprende a evitar aquello que no deseas hacer.

Algunas personas sufren cada vez que se han de negar a algo, bien sea por miedo a defraudar las expectativas de otros, bien por temor a no dar «la talla» o a no saber argumentar su negativa, o por simple pereza y comodidad.

Se trata, en definitiva, del miedo a no ser valorados y queridos. Nuestra necesidad de ser valorados, atendidos y tenidos en cuenta, puede llevarnos -desde el espejismo que crea una autoestima poco asentada-, a mostrar una constante disponibilidad a todo, lo que nos sume en una dependencia no sólo de los demás, sino de esa imagen desde la que actuamos, dejando de ejercer nuestro derecho a decir «no».

Esa dependencia dificulta nuestra evolución personal, dinamita nuestra autoestima e imposibilita el libre ejercicio de la responsabilidad, que propicia unas saludables y equilibradas relaciones de interdependencia con los demás, en las que decimos «sí» cuando lo consideramos adecuado y en las que mantenemos vigente la posibilidad a decir «no».

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fotonoticia_20160225191407-16021610869_9999Por desgracia en nuestra cultura no hemos aprendido a pedir o priorizar aquello que deseamos. Parte de lo que nos han enseñado es a tener una actitud pasiva que nos lleva a aceptar casi cualquier cosa que nos pidan o sugieran sin importar si estamos o no de acuerdo. Creemos que si nos negamos seremos considerados maleducados o malas personas y ciertamente puede ser así pues es un tema de ideología cultural.

Esto nos lleva a aceptar muchas situaciones para sentirnos amados y aceptados. El problema es que le tenemos un gran miedo a ser alejados o apartados que no nos permitimos dar demasiadas negativas, aunque estas estén justificadas.

Conectar con nuestras necesidades, atender a lo que queremos y necesitamos, priorizar el cómo estamos en cada momento y situación, nos obliga a saber decir «no». En ocasiones, decir «no», deviene necesario para conocernos, para significarnos y mostrarnos al mundo tal como somos.

Desde la sinceridad empática (acercándonos a la situación del interlocutor), entablaremos unas relaciones de autenticidad, en las que impere un diálogo más veraz, fluido y constructivo. Y podremos decir que sabemos con quién hablamos y cómo se encuentra la persona con la que lo hacemos. Hay demasiadas relaciones vacías, formales, vestidas de cordialidad y buenos modales. Una cosa es la sociabilidad y otra muy distinta, la hipocresía del «quedar bien» a toda costa.

Digamos «no» cuando queremos decir «no»

* No nos sintamos culpables por decir «no».

* Dar (adecuadamente) prioridad a nuestras necesidades, opiniones y deseos no es una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez.

* Decir «no» cuando lo consideramos justo o necesario, es la mejor forma de comprobar en qué medida se nos valora y se nos quiere por cómo somos en realidad.

* Permitámonos verificar que nuestras negativas, no sólo no rompen vínculos con los demás, sino que plasman un compromiso de sinceridad, respeto (por los demás y por nosotros mismos), responsabilidad y autenticidad.

* La confianza se fortalece, cuando el diálogo y la interacción no se sustentan en falsos asentimientos y condescendencias.

* Si ejercemos nuestro derecho a decir «no», podremos pensar que los demás hacen lo propio, y asentaremos una comunicación más fiable, veraz y fluida.

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