Parece que el dinero no ha cambiado al dueño de la mayor compañía de muebles del mundo.

Mientras que muchos multimillonarios destacan por sus mansiones y coches de lujo, Ingvar Kamprad, el fundador de IKEA, es de lo más austero que puedas imaginar.

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“Cuanto más grandes somos en humildad, tanto más cerca estamos de la grandeza”, – Rabindranath Tagore (poeta y filósofo bengalí).

A los 17 años fundó lo que hoy es una fortuna de más de 3 mil millones de dólares. A pesar de los lujos que podrían rodearle, es uno de los ricos más austeros, más incluso que Amancio Ortega, dueño de Zara.

Y que Kamprad, conocido como el multimillonario tacaño, lleva con el mismo Volvo más de 20 años, se aloja en hoteles baratos, no viaja en business e incluso utiliza el transporte público para moverse cuando no le apetece conducir.

“Tener dinero no significa tener que derrocharlo”, suele decir Kamprad, a quien tampoco le interesa llamar la atención ni salir en la prensa.

¿Quién es Ingvar Feodor Kamprad?

Nació el 30 de marzo de 1926 y se crió en una granja llamada Elmtaryd, cerca del pequeño pueblo de Agunnaryd, en la provincia sueca de Småland.

Kamprad empezó desde muy temprano en la época del colegio a desarrollar su faceta comercial:

“Desde muy temprano comencé en los negocios. Mi tía me ayudó a comprar mis primeras 100 cajas de cerillas (o fósforos). Las compré en Estocolmo, en un almacén donde las encontraba más económicas. Entonces vendí las primeras cajas al doble o triple del precio que las compré, y algunas cinco veces más. Todavía recuerdo la agradable sensación al recibir mi primera ganancia. En ese momento ya no era un niño de cinco años”.

Nace IKEA

Kramprad fundó IKEA cuando tenía tan solo 17 años, cuando su padre le dio dinero por sus buenas notas en los estudios. Invirtió entonces el dinero en IKEA. Las primeras dos letras del nombre provienen de sus iniciales (I.K.), y se completan con las primeras letras de Elmtaryd y Agunnaryd, la granja y el pueblo donde creció.

Kamprad comenzó vendiendo cerrillas, medias pero sobretodo bolígrafos. En aquella época eran muy novedosos y decidió pedir su primer y último préstamo para comprar 500 que vendrían de París.

La idea de vender muebles

Comenzó a vender muebles en 1948 poque el mobiliario de lujo no estaba al alcance de mucha gente en Suecia.

“Comencé en la venta de muebles como una casualidad, con el fin de superar a mis competidores, y es algo que ha determinado mi destino”.

Ahí es cuando empezaría a fabricar muebles con estilo para las personas con ingresos bajos y medios.

“Es mejor vender 600 sillas a un precio más bajo, que 60 sillas a un precio alto”.

En 1951, IKEA comenzó repartió su primer folleto, el IKEA News.

A comienzos de los años 50 compró una fábrica pequeña y vieja en su país, lo que le permitió aumentar ventas y vender más barato. Tras la rabia y el bloqueo por parte de sus competidores en Suecia, decidió comprar ciertos componentes en Polonia, y a menor precio.

Fue en 1953 cuando se inauguró la primera exposición de muebles IKEA. Cinco años más tarde, un nuevo almacén de 6.700m2 vería la luz.

El primer almacén de IKEA:

Kamprad ya era un poderoso empresario cuyos métodos de comercio eran percibidos por la competencia en su país con desprecio y resentimiento.

Cuando en los años 60 descubrió el sistema del Cash & Carry (básicamente pagar y que los clientes se lleven ellos mismos la mercancía a casa) en un viaje a Estados Unidos, decidió implantarlo en IKEA, yendo más allá, colocando los muebles para que fueran los propios compradores los que ensamblaran las piezas de los mismos.

Hoy en día, las tiendas de IKEA son una especie de sala de exposición, donde se exhibe todo lo necesario para la vida cotidiana que puedes encontrar en cada una de las estancias del hogar, así, el posible cliente se hace una idea de cómo se verían en su hogar.

En 1963, IKEA traspasa sus fronteras y abre su primera tienda en Oslo, Noruega. Y poco a poco, comenzó su expansión por otros países como Suiza, Australia o Estados Unidos, hasta convertirse en la gran multinacional que es hoy en día.

“Incluso en el trono más alto, uno se sienta sobre sus propias posaderas”, – Michel E. de Montaigne (filósofo francés)


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